Hace 20 años que corro. Nunca lo he dejado, con la excepción de breves periodos de unas semanas. Puedo decir que forma parte de mí mismo: sencillamente, ya no me imagino sin correr.
Hace años soñaba con hacer grandes marcas, me ilusionaba con ganar competiciones y hacía entrenamientos extenuantes. Todavía recuerdo la sensación del pulso acelerado entre las series, el agotamiento de las largas tiradas de 30 km antes de un maratón, esfuerzo que entonces me parecía purificador.
Ahora, en cambio, corro para disfrutar. Para desconectar. Para sentirme yo mismo. Es verdad que aún me ilusiona tomar la salida en carreras, y por qué no: mirar el reloj. Mejorar tiempos. ¿A qué corredor no le gusta eso, aunque sólo sea por puro entretenimiento?
Desde hace varios años, vivo instalado en la lesión. Un dolor casi crónico en el gemelo y una punzada intermitente en las lumbares. El año pasado me propuse seriamente acabar con ello haciendo analizar mi pisada y encargando unas plantillas. Durante unos meses, fue realmente efectivo. Empecé a progresar lentamente y volví a disfrutar de correr. Una sensación casi olvidada. Pero... las lesiones han vuelto.
El fin de semana pasado corrí los 10 km del barrio de Sant Antoni. Tuve que sufrir para correr en 47'21", un tiempo que no hace muchos años hubieran significado un paseo... y que ahora me suponen una auténtica tortura.
Este fin de semana volví a sufrir esa misma sensación. Después de darme una semana de descanso, me lancé a correr por la montaña... y cometí el error de escoger un circuito lleno de desniveles imposibles. Acabé andando, con las manos apoyadas en las lumbares y los cuadríceps a punto de reventar. 56 minutos para cubrir 8 km... Y yo maldiciéndome por haber escogido un día este deporte. Mmmm... algo no andaba bien.
He decidido hacer lo que siempre he recomendado a todo el mundo: escuchar a mi cuerpo. Este jueves, cita con el podólogo para revisar plantillas. Nuevo vídeo corriendo sobre la cinta. Nuevas conclusiones (espero)...
A partir de aquí, a empezar de cero. A correr sin mirar el reloj. A disfrutar de salidas cortas, de 5 o 6 km. Y así hasta que desaparezcan totalmente las molestias. Los que sabéis lo que es estar enganchado a este deporte sabréis lo desesperante que resulta estar parado. No hace falta ser un deportista profesional para sentir esta pequeña frustración.
Lo dicho: a empezar de nuevo. Poco a poco. Tal vez nos veamos en alguna media dentro de un año. Y tal vez vuelva a mirar el reloj...